Viajar como motor de cambio

Hace poco tuve la oportunidad de asistir a una charla en la Universidad para todos los que volvíamos de haber estudiado afuera. Entre los asistentes había quienes habían hecho intercambios de un año, seis meses y quienes hicimos cursos más cortos durante el “verano” (europeo) como fue mi caso.

Entre los temas a tratar, se habló sobre el “reverse culture shock”, haciendo énfasis en todo eso que nos desconcierta o no nos gusta de volver a casa después de un viaje.  Sin duda fue este bloque el que causó más revuelo entre quienes estábamos allí. Muchos hablaban que incluso el volver a la rutina es más difícil que el irse (y acá estoy hablando de gente que se fue un año a estudiar en un ambiente sociocultural totalmente diferente). La consigna es básicamente que el volver a casa creyendo que has cambiado y crecido como persona, es complicado después de ver que todo a tu alrededor sigue siendo igual.

En mi caso, también me pasó si bien no estuve tanto tiempo fuera de casa. Creo que se dio, porque ese tiempo que estuve en Asia, me di la oportunidad de hacer todo eso que quería, pero no me había animado a hacer. Me di la oportunidad de sacarle el máximo al tiempo, conocer nuevos lugares y no dejar de explorar, hacer nuevos amigos y fortalecer relaciones. Estudiar algo que me interesaba pero que no era lo que estoy haciendo. La materia que no me interesaba tanto la dejé, no por tirar la toalla, pero si para sacarle el máximo al resto del viaje y a lo que yo también quería lograr de esta experiencia. Y vaya que fue una buena decisión.

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Marina Bay Sands, Singapur

Volviendo a la normalidad y compartiendo experiencias con otros, me fue inevitable ponerme a pensar en lo que logramos viajando y cómo podemos crear un cambio en base a eso. En lo personal creo que se da porque al viajar uno sale de la rutina, se abre a lo nuevo, se desconecta, se fortalecen vínculos con nuestros compañeros de aventura e incluso te da la oportunidad de ver las cosas con otra mirada. Es por eso que también es una excelente oportunidad para hacer una pausa y reflexionar, ver si estamos viviendo la vida como queremos vivirla y si no plasmarnos objetivos para lograr todo eso que queremos alcanzar.

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Un dia de verano en Londres

No creo que te tengas que ir un año a vivir afuera (¡aunque si lo puedes hacer, yo ni lo dudaría!) para darte cuenta de todo eso por lo que te gusta de viajar. Sin embargo, no es fácil trasladar eso a la vida normal. A veces la rutina te come y lo cotidiano te hace creer que estas “bien” manteniéndote en tu zona de confort, cuando quizás algo lo que necesites es dar un giro y probar algo nuevo. Como dice Juano en su post sobre saltar de la cacerola cuando el agua se está por calentar, (que dicho sea de paso debería ser lectura obligada para todos) a veces es necesario plasmarse la idea del cambio para vivir mejor y sacarle el máximo al día a día.

Personalmente, creo que hay veces donde el cambio puede estar desde la forma en la que uno vive y ve las cosas. Simplemente en la forma en como encaras el día, como tratas al otro y en que tienes que poner tú para lograr eso que tanto quieres. Al final sea cuál sea el resultado, el hecho de haberlo intentado y tener nuestro lado de la soga alineado, es lo mejor que uno puede hacer. Porque al final de todo, la vida es un viaje y ya que estas acá, ¿por qué no sacarle el máximo?

 

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