Una semana paseando por la Borgoña

Gracias a una oferta casi loca de Iberia mis viejos vinieron a Europa en un viaje que se organizó sin mucha anticipación. La idea era simplemente pasar tiempo juntos y recorrer sin prisa. Mi viejo andaba con ganas de recorrer la zona de La Borgoña, en el centro de Francia, mayormente conocida por su gran industria vinícola. No es una zona que tendría en consideración ni en mi primer, segundo ni tercer visita a Francia pero fue simpático ver algo distinto y que no esté lleno de turistas.

Así que sin mucha planificación y habiendo dejado varios días sin nada reservado empezamos el viaje, que termino viéndose más o menos así

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Y se puede ver mejor si hacemos un poco de zoom:

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Me encontré con mis viejos en Lyon. Ellos habían llegado un par de días antes y les había gustado mucho la ciudad. En la mañana salimos a recorrer un poco y me pudieron enseñar algunas de las cosas que tanto les cautivo. La verdad que muy linda.

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A la tarde salimos a la ruta donde íbamos entrando a la región de la Borgoña propiamente dicha.  Nuestra primera parada fue una linda hosteria en las afueras de Beaune, que pertenece a la prestigiosa red Relais & Chateaux. Lo que me gustó fue el nivel y naturalidad del servicio así también la forma en la que lograban cautivar al huésped sin mayores pretensiones. Ah, y las bondades de viajar en temporada baja es que se pueden dar lujos como este sin tener que vender un riñón.

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Volviendo al viaje. Al día siguiente salimos a pasear por Beaune. Es un pueblo muy pintoresco que parece salido de cuento.

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Además de sus lindas callecitas del siglo 12 es casa de un hospicio muy importante a lo largo de la historia francesa. Hotel Dieau se llama. Fue construido en el 1443 y estuvo abierto hasta cerca del 1970.  fue cuna de muchos avances en medicina y uno de los primeros hospicios religiosos en contratar personal femenino laico para cuidar a los heridos.

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Esas cerámicas que están en el techo son típicas de la region y se ven en muchas edificaciones de la localidad 

La cocina del hospicio. A los enfermos los tenían a base de vino y comidas hervidas. No les daban agua por el riesgo a estar contaminada!

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Y uno de los tantos displays algunos instrumentos quirúrgicos.

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Y por supuesto que toda la zona está rodeada de Viñedos, cosa que se ve muy lindo. La uva florece pasado el verano, por lo que en esta época está todo alistándose para la siguiente temporada, por lo que lógicamente hay muy pocos turistas. Lo que sí es muy loco es luego tomarte un vino a la noche y poder afirmar que más temprano habías pasado exactamente por donde se produjo.

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Nuestra siguiente parada fue la ciudad de Dijon, que es la capital de la región de La Borgoña. De esta region también viene la riquísima mostaza Dijon como bien lo dice el nombre, pero lo loco es que ya no se produce allí. El centro histórico está muy bien conservado y como puntos de interés es casa del el muy lindo Museo de Bellas Artes y el palacio de Los Duques de la Borgoña, ambas edificaciones construidas entre los siglos 15 y 17.

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Y la verdad que no hay mucho más por ver, pero fue simpático pasar tiempo con la familia y sin tener que andar corriendo de un lado para otro. Simplemente fue ocasión para descansar y recargar energías.

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Centro de Dijon.

Después de Dijon, habíamos dejado el resto libre y lo único que teníamos era reservado era el vuelo hacia nuestro siguiente destino dentro de algunos días. Casi sin planificación nuestra siguiente parada fue el pueblo de Vezelay. Lo curioso de este sitio es que localidad armó una robusta industria turística alrededor del siglo 11, alegando que ellos albergaban las reliquias de Maria Magdalena. Tanto así que por mucho tiempo fue punto de partida para el camino de Santiago. ¿Como miércoles terminamos allí? Ah, si mi viejo había escuchado un Podcast sobre la historia de Maria Magdalena y le dio curiosidad conocer el lugar de la leyenda. No se por que corno no saque fotos, pero acá pueden ver algunas de esta localidad muy particular.

Ya cansados de tanto viñedo decidimos seguir a conocer la región del Loire, conocida por su gran abundancia de castillos. Para eso había que hacer un tramo de aproximadamente 300 kilometros en un día, que si bien no es demasiado estaba bastante por encima de lo que veníamos pegando por día.

Y en camino paramos a conocer el mítico castillo de Chambord. Por primera vez veíamos tantos buses turísticos y tal cantidad de gente concentrada en un solo lugar.

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Fue construido en 1519, como residencia para Carlos I y luego por muchos otros miembros monarcas. Fue interesante ver la forma deslumbrante en la que vivía la monarquía, lo que te grafica un poco mejor quizás hacia donde apuntaban los orígenes o indirectamente lo que llevó de la revolución.

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Uno de las tantas salas del castillo. 

Ah y lo que quizás mas me impresino es el uso de la realidad virtual para explicar la historia. Te daban un ipad, con el que ibas apuntando hacia distintos puntos de interés con la cámara y te iba explicando sobre ellos. En otras salas te iba recreando como se veían en la época en la pantalla. Muy didáctico y muy buena forma de enganchar a los chicos me pareció.

Bueno, después de nuestra cuota cultural del día seguimos hacia nuestra siguiente parada que era Amboise, sin embargo, en el camino sobre la ruta vimos una localidad que nos llamó la atención así que entramos y nos cautivó. Se trata de Blois, una pequeña ciudad o pueblo grande que sin destacar en el mapa tiene una arquitectura muy linda e uniforme y una ubicación privilegiada entre el rio y la montaña. Dimos algunas vueltas pero se largó a llover asi que seguimos el recorrido.

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El Castillo de Blois. 

Como dije antes pasamos la noche en Amboise, definitivamente más chico y un poco más rural. El pueblo también alberga un Castillo, que también sirvió de residencia para Carlos I.

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De acá, la lógica hubiera dictado seguir el curso del Loire hasta Nantes para luego tomar el avión hacia nuestro siguiente destino. Bah, te puedo nombrar cinco ciudades con aeropuerto internacional con vuelos regulares que estaban más cerca de Lyon, pero teníamos los pasajes desde allí, así que había que empezar la vuelta.

Hacerlo de un tramo significaría más de cuatro horas de viaje, por lo que no estaba de más pensar en parar en algún lado.

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Paramos a conocer Bourges ya que estaba de camino y se iba acercando la hora de almorzar. Si bien no pintaba espectacular, tiene una linda catedral (creo que es una de las más grandes de Francia) y un casco histórico recalcable. Comimos unos quiches buenísimos con una coca y seguimos de camino. Esa noche paramos en un lugar interesante, pero eso será motivo de otro post.

Finalmente llegamos a Lyon un día antes de lo previsto y pasamos la noche en esta linda ciudad que definitivamente merece una visita.

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Conclusión

Definitivamente La Borgoña no es un destino a considerar ni en tu primera, ni quizás en tu quinta visita a Francia, menos fuera de temporada. Y salvo que seas fanático del vino, dudo que produzca algún interés en particular. Sin embargo me gustó mucho salir de las grandes ciudades y verle la cara a esa Europa más rural, precaria y autentica que se ve en los pueblos más chicos. También fue lindo pasar tiempo de calidad con mis viejos y como me dijo mi vieja apenas aterrizó de vuelta “vivir momentos que ahora se atesoran en lindos recuerdos”.

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